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lunes, 16 de enero de 2017

Retrato: Joan Butler.

Portada del libro Armando la Gorda
Seudónimo del escritor irlandés Robert William Alexander (Dublín, 1905-1979). Publicó cuarenta y un novelas de aventuras y otros géneros en la década de 1920 bajo su propio nombre, aunque la mayoría de sus obras estaban firmadas como Joan Butler.
Irlandés nacido en Dublín, eligió su nombre del seudónimo en catalán, como el Nano, Joan, en lugar llamarse Seán, o Iohán como hubiera correspondido en su terruño.

Lo que sigue son fragmentos de su obra “Armando la Gorda” publicada en 1950 que narra la historia de Percy Trotter,  que ha descubierto el procedimiento de fabricar cerveza partiendo del hayuco* que, como materia prima, se cotiza a unos precios francamente irrisorios, motivo por el cual el joven Trotter puede afirmar con razón que la fortuna está a punto de llamar a su puerta e instalarse definitivamente en su casa.

 “El viejo pueblo de Deepdene, tan viejo como el mismo mundo, estaba soñoliento bajo el sol de aquel atardecer. Sólo un par de caballos, uno o dos cerdos y media docena de vacas erraban por sus calles. Unas cornejas lanzaban sus armoniosos graznidos desde las copas de los árboles, y en un campo cercano una codorniz saltaba de un lado a otro, indiferente a todo. En el umbral del «Pelican», el más anciano, de los habitantes de Deepdene, miraba fija y pensativamente hacia la lejanía, mientras mascaba tabaco y escupía. La paz envolvía la tierra: otro día estaba tocando a su fin.
......... Todos estaban sobre ascuas, con los nervios a flor de piel, cuando se reunieron para desayunar a la mañana siguiente. Brewster parecía el único que gozaba de un humor jovial, y había agudizado el mal humor general, cantando a gritos una canción obscena, mientras se aseaba en el cuarto de baño. Sólo por esto la mayoría de los presentes habrían disfrutado estrangulándolo, y hubiesen subido al cadalso con la sonrisa en los labios. Su voz, que distaba mucho de ser armoniosa, era potente y aguda, y nadie había escapado al tormento de oír aquel salmo matinal. Su canto no le había granjeado, desde luego, ninguna nueva amistad. Para la gente que sufría de jaqueca en aquel momento y tenía el sistema nervioso quebrantado, este alarde musical de Sam le importaba un bledo. No podía haber escogido nada peor para comenzar el nuevo día.
En la escalera tropezó con Sidney, quien le saludó con una sonrisa equívoca.
–Está usted muy bonita –dijo Sam–. Sus ojos irradian salud y sus mejillas me recuerdan los capullos de rosa.
–No me siento demasiado bien –confesó Sidney– Le he estado oyendo cantar.
¡Ah! Siempre acostumbro a cantar en el cuarto de baño; ¿le gustó?
–No, en absoluto.
–¿No? Una vez sentí la tentación de dedicarme a las tablas, pero el periodismo pudo más. A veces me arrepiento de no haberlo hecho.
–Pues no hace falta que se arrepienta. Oiga, Sam, ¿qué ocurrió anoche?
Sam movió la cabeza.
–Ahora me es imposible referírselo; es una historia muy larga. Raras veces he pasado una noche más pródiga en acontecimientos. Tuve que tragar saliva y sonreír, pero nosotros, los Brewster ...
–Sí, ya sé,  no se dan nunca por vencidos. Ya me lo contara más tarde. Sam, tengo el presentimiento de que va a haber tormenta.
–¡Oh! ¿qué clase de tormenta?
–La que se va a desencadenar sobre nosotros. Más de uno se estará preguntando cómo penetró Higgs anoche en la casa.
–Déjelos que se hagan las preguntas que quieran –replicó Sam, conciso.
–Sí, pero, ¿y si nos preguntan a nosotros si sabemos algo de ello?
–Limítese a esbozar una sonrisa enigmática y cambie de tema. ¿Sabrá hacerlo?
–Creo que sí, pero, ¿será eficaz?
–A mí no me falla nunca. Éste es uno de mis recursos favoritos. Hawker Swift, el detective privado, procede así siempre que se encuentra ante una dificultad. Se pasea lanzando sonrisas inescrutables a diestra y siniestra, y no me negará usted que no es un tipo magnífico para ser imitado. A propósito, ¿me vio anoche su madre?
–No lo creo, y si le vio, no dijo nada. ¿No sería mejor que bajásemos, Sam?
– Sí, quizá tenga razón.
................ Mientras se desarrollaban aquellos acontecimientos, tía Cloe salió a respirar un poco de aire fresco antes del almuerzo. Después de su entrevista con Brewster se había retirado a su habitación y había pasado la mañana escribiendo varias cartas injuriosas a diversos importantes cerveceros. Animada por aquella labor humanitaria que, a causa de su gripe, se había visto obligada a abandonar durante el curso de las últimas semanas, bajó con paso ligero y ojos brillantes, satisfecha de ver que el triunfo iba coronando su lucha anti cervecera.
Debido a sus preocupaciones estaba totalmente al margen de los acontecimientos, y ningún presentimiento vino a turbar su majestuosa dignidad mientras caminaba bajo los cálidos rayos del sol. Lo había dejado todo entre las manos expertas de Mr. Brewster, y un sutil sentido le aseguraba que su confianza no había sido mal colocada. Aquel muchacho haría cuanto fuera preciso.
Mientras iba paseando meditaba sobre su sobrino Percy. Desde hacía tiempo pensaba que el chico necesitaba una lección. La idea de que era una persona vil había cruzado algunas veces por su imaginación y aquella mañana, por primera vez, había dado muestras de su rebeldía. Tía Cloe se dijo que él trataba de imponérsele, y esto era por una parte culpa suya, ya que últimamente no le había vigilado lo suficiente. Ahora pondría todas las cosas en orden.
Fue despertada de aquellos caritativos pensamientos por el ruido de un motor. Levantando la vista vio un «Rolls–Royce» de enormes dimensiones, conducido por un individuo vestido con un chaquetón de cuero y una gorra en la cabeza. Aquel extraño personaje se acercó a ella, frenó el coche, y la miró mientras se dedicaba a masticar rítmicamente algo que tía Cloe supuso que debía ser chicle.
–¿Es Deepdene Towers? preguntó el individuo desde el coche, hablando por un lado de la boca.
–Sí –contesto tía Cloe con frialdad.
Gracias. ¿Está aquí Mr. Brewster?
Tía Cloe se sobresaltó, ligeramente, y la asaltó cierta sospecha sobre su cómplice.
–¿Mr. Brewster? Sí.
Gracias –repitió el individuo–. ¿Está en la casa? –preguntó, señalando hacia ésta con un dedo cubierto de grasa.
Creo que sí. ¿Desea usted verle?
Ya lo creo.
–¡Cómo!
Ando buscándolo por todo el país.
–¿De veras?
–¡Y tanto! Dejó este coche para que se lo repasáramos, se llevó uno de los nuestros y se fue sin darnos ninguna dirección.
–¡Qué divertido! –exclamó tía Cloe. “

Claro el camino es largo y si Ud. quiere saber cómo termina todo, deberá leer aún 132 páginas más.



*Los hayucos son unos frutos secos con forma de tetraedro, alargados y lustrosos,  parecidos a las castañas aunque más pequeños.
 Se encuentran en Europa en el suelo de los bosques de hayas. 
 fuente elrecursodelosbosques

lunes, 9 de enero de 2017

Cosas de la vida breve 15.

¿Es amor?
De alguna manera creo que te quiero. Bueno, me parece quererte.
No sé, es difícil entenderlo, porque yo no lo entiendo al menos.
Vamos a ver, sé que estoy bien contigo, que te conozco lo suficiente como para justificar tus tonterías, tus errores e incluso tus maldades.
También sé que me aprecias lo suficiente como para disculpar mis debilidades y mis mentiras.
¿Y todo eso junto es el amor?. ¿Y si eso no es amor, qué carajo es?
Tengo que quererte, es necesario que te ame, de otra manera no podría explicar un montón de cosas.
Sí, ya sé que me expreso con vulgaridad, que mi vocabulario es el de la calle, pero mi dolor es tan grande como mi amor y este es tan sublime como el de cualquier poeta, use las putas palabras que use.
Pero no quiero desviarme de lo que estaba razonando. Decía que debería de quererte, que es necesario que te quiera, que tengo que quererte porque hemos pasados muchas cosas juntos y nos conocemos muy bien.
Tú sabes cuándo finjo y sabes cuándo oculto mis debilidades y cómo pienso en mi infancia al decir aquello de que "ningún verdadero hombre imita a su padre".
Sí, intimidades, secretos, complicidades entre tú y yo que van más allá de lo que dos amantes podrían confesarse.
Eso debe de ser amor, seguro, ¡maldito sea! 

El encuentro

No he visto cómo mueren los hombres al ser desgarrados por las violencias.
Jamás me he acercado al borde de la realidad tranquila que configura mi entendimiento. No he conocido el dolor por el túnel profundo que en la piel y la carne provoca el cuchillo ni sé cómo quema el hueco que la bala deja. No he asistido al acto animal en el que un ser aniquila a otro.
Por supuesto, ese otro nunca he sido yo. Tampoco el de agresor ha sido mi papel jamás.
Nunca he padecido infortunio de violencia salvaje sobre mí.
Ninguna parte de mi cuerpo ha sido rota ni dañada por golpes brutales y reiterados. No sé lo que es la locura del dolor ininterrumpido.
Soy el ser feliz que ve y lee lejanas noticias de dolientes humanos, tan distantes, que parecen sacados de una película con final triste.
Soy el que un día, al amanecer, vio ante sí el cuerpo tendido de un hombre sobre la acera.
Nadie transitaba. El día iniciaba su luz.
Soy el que se apartó del bulto arrugado e inmóvil, en postura confusa y extremada en sus giros, como si sus articulaciones estuviesen dislocadas provocando dobleces inverosímiles en brazos y piernas.
Soy el que pensó en su prisa y su tiempo, en su cómoda rutina, en su segura distancia y lejanía.
Soy el que, huyendo, se dijo que aquel encuentro debería de ocurrirle, un poco más tarde, a otro.

Entierro

Llovía sobre los asistentes al entierro, y la lluvia densa creaba tal atmósfera de recogimiento y soledad absoluta, que parecía aislar en un momento eterno a los allí reunidos.
Descendió el ataúd a la tierra, y pronto todos los deudos del muerto comenzaron a dispersarse en silencio; pero en el suelo, justo donde, en pie, habían estado los tristes familiares, quedó impresa su huella en el blando suelo mojado.
Cuando llegó la noche, ya la reciente fosa cerrada y el cementerio en soledad, la lluvia cesó y la luna dejó ver las huellas en derredor de la tumba. 
Entonces, como espectros sobre el invertido bajorrelieve de esas pisadas, se vio a los que allí habían penado esa tarde, de pie, translúcidos y rodeando al sepultado, para espanto de las habituales almas del lugar.



Recopilación y adaptación de textos anónimos:
fuente: www.escolar.com
Foto de Eduard Gordeev "Lluvia en Moscu"




domingo, 1 de enero de 2017

2017, año de la picazón.

No quiero, ni pretendo arruinarle el primer día del año, pero me siento en la obligación de advertirle que éste 2017 es el año de la picazón electoral pues se celebrarán las elecciones legislativas que tendrán por objeto renovar un tercio de la Cámara de Senadores por el periodo 2017- 2023 (24 senadores) y la mitad de la Cámara de Diputados por el periodo 2017-2021 (127 diputados) con un total de 151 bancas.
Hay por supuesto quienes buscarán renovar, Massa, Stolbizer, Carrió, Alfonsín, Solá, Recalde, Binner, por nombrar solo a algunos de los más conocidos entre Diputados en tanto las provincias que renuevan Senadores son Buenos Aires, Formosa, Jujuy, La Rioja, Misiones, San Juan, San Luis y Santa Cruz.

La picazón será una de las más urticantes, digamos como si pasaran ortiga por allí, o por allá  según se prefiera

Esto ocurrirá dentro de 297 días a partir de hoy es decir el Domingo 25 de octubre de 2017, previo paso por las PASO trámite previo que ocurrirá el domingo 09 de agosto de 2017 (faltan 220 días) y  que deberán cumplir obligatoriamente todos los ciudadanos empadronados entre 16 y 70 años, y cuando utilizo un adjetivo indefinido como “todo” incluyo a todos, sin distinción de género como pretendía nuestra siempre recordada maestra ciruela, es decir se incluye  a las damas, señoras, mujeres, señoritas, caballeros, hombres, jóvenes, todos.¡

Hay que tomar en consideración que tanto una banca en Diputados como en el Senado es un trampolín para llegar a la Presidencia, y lo que sigue va como ejemplo, que el voto es mucho más que un simple papel lleno de nombres y debiera incluso ser considerado en el mismo nivel que algunos elementos  qué mal utilizados pueden provocar daños al ecosistema ciudadano a corto o largo plazo, debido a su riesgo potencial.
Téngalo en cuenta no sea cosa que tengamos más de esto.
    

Gracias: arielnyc

jueves, 29 de diciembre de 2016

Argenfornication.

George Orwell, el autor de Rebelión en la Granja, para que lo ubique rápidamente dijo:
“En nuestra época no existe la posibilidad de mantenerse fuera de la política. Todos los asuntos son asuntos políticos y la política, en sí misma, es una masa formada de mentiras, evasiones, locura, odio y esquizofrenia”.

Pretendo explicar así el juego de similitudes entre el título de la serie televisiva “Californication” protagonizada por David Duchovny y nuestra propia  versión telúrica “Argenfornication” protagonizada en este caso también por un carismático rostro televisivo, el de Nicolás Dujovne, (partenaire de Carlos Pagni en Odisea Argentina)

Como bien decía Orwell, esa masa formada de mentiras, evasiones, locura, odio y esquizofrenia en Argentina se adereza con algo que si bien se podría calificar como propio del carácter latino es simplemente el “puterío” que antes, durante, o después siempre aparece en las acciones de nuestros políticos.
El capítulo que nos ocupa corresponde al episodio donde sale de escena Alfonso, de manera tan intempestiva que hasta se enojó Leuco padre, e ingresan en su reemplazo dos nuevos galanes, bueno en realidad uno, el otro estaba de antes, llamados Luisito quien se hará cargo de las Finanzas de la granja y Nicolás que lo hará en la parte de Hacienda.

Supongo que esto obedece a esa norma no escrita pero que viene bien en finanzas “lo que abunda no daña” y a su vez porque cada uno de los nuevos, incorporará a otros multiplicados por varios lo que colaborará a bajar el índice de desocupados.-
No es genial..? 
Claro que la Economía argentina no es moco de pavo, es más complicada que hacer gárgaras de talco, vea:

Antes de Alsogaray y su frase “Hay que pasar el invierno” Carlos A. Coll Benegas, Ministro de Economía de Arturo Frondizi por un breve período había dicho: Que la inflación argentina tenía su origen en el “tremendo egoísmo que caracteriza a sus grupos sociales”
“El aumento de los salarios aumenta los costos, luego los precios y entonces se hace necesaria mayor cantidad de dinero para financiar ese aumento”.

Chocolate por la noticia, la prueba es que Raúl Ricardo quiso innovar con el Plan Austral, Carlos Saúl con “ un dólar, un peso” lo de Néstor con Roberto fue un albur y lo de Cristina lo estamos pagando.


Entonces, hasta tanto no abandonemos la cultura del “mayor rédito con el mínimo esfuerzo” practicada tanto por políticos  como empresarios, multinacionales y no, profesionales tordos y de otros rubros y ventajeros de ocasión, la economía argentina seguirá siendo un puterío, igual que Californication.,no olvidando que como dice el amigo Hank Moody  “No se trata de ganar o perder, sino de cómo juegas” .........y en este juego participamos todos.


Te deseamos un Feliz 2017
fuentes: Mario Rapoport, Magazinema , Tom Kapinos

sábado, 17 de diciembre de 2016

De Quilombos y Bululúes.

Nicolás Maduro colectivero
 “Quilombo” es una palabra aprobada por la Real Academia Española y si bien tiene significados diferentes aquí y en Venezuela en ambas fronteras sabemos que tanto nuestro Ingeniero Presidente así como el señor colectivero Maduro, con distintos parámetros están metidos en un quilombo o  en un bululú como se dice en la República Bolivariana.

Quede en claro que esto no es una comparación porque no hay nada que comparar en dos personalidades diametralmente opuestas, tanto en lo ejecutivo como en el CI de cada uno.

El señor colectivero devenido en Presidente por obra y gracia de un milagro que él en su momento narró de esta manera:” Yo entré a una capilla chiquitica esta mañana (...) De repente entró un pajarito, chiquitico, y me dio tres vueltas acá arriba. Se paró en una viga de madera y empezó a silbar, un silbido bonito. Me lo quedé viendo y también le silbé. El pajarito me vio raro. Silbó un ratico, me dio una vuelta y se fue y yo sentí el espíritu de él [Chávez]. Lo sentí ahí como dándonos una bendición, diciéndonos: «Hoy arranca la batalla. Vayan a la victoria. Tienen nuestras bendiciones». Así lo sentí yo desde mi alma",

no haya sido bendecido con un poco de coherencia, con algo de criterio, con un mínimo de ubicación, con un soplo de educación, sino todo lo contrario a tal punto que solo le bastaría ahora tener en su despacho una llave cruz, para así imponer su ideas, acción que muchos patoteros del volante ejercen a diario.

Claro que se puede esperar de alguien que acuña frases tan ingeniosas y descriptivas como estas:
"Buscaremos escuela por escuela, niño por niño, liceo por liceo, comunidad por comunidad meternos allí, multiplicarnos, así como Cristo multiplicó los penes",
“Demasiada coincidencia que maten a alguien y al día siguiente esté muerto”

Su poca capacidad política no le permite ver que su pueblo le ha cambiado su apellido; ya no le llaman Maduro, ahora se lo conoce como “Verdugo” y los más atrevidos directamente le llaman “conchudo” es decir: sinvergüenza, caradura.,


                                                                                                                  


fuentes : la nación. wikilengua, actualidad viral