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lunes, 25 de septiembre de 2017

El haber sin ver.

La noticia dice que son 29 las escuelas porteñas tomadas en rechazo a la Reforma Educativa para las escuelas secundarias, con cientos de alumnos que “luchan” contra dicha reforma y muchos padres que según la opinión de uno de ellos refleja el sentir de una gran mayoría: "Si queremos que la educación mejore, si queremos que la educación pública se valore, no vamos por el mejor camino".
Da la impresión que los jóvenes que argumentan estar preocupados por su futuro, más bien están despreocupados por su educación.
Las marchas y tomas tienen además un agregado peligroso: están infectadas por la presencia de facciones políticas que no desperdician ninguna oportunidad para llevar agua a su molino.
Les sugeriría a los jóvenes empeñados en hacerse oír de esta manera que leyeran una parte de la obra de José Ingenieros “Las fuerzas morales”* publicado en 1947 donde habla del potencial de la juventud.
Aquella que lucha por sus ideas, pero no tomando escuelas o abandonando su educación para dedicarse a protestar por cuestiones institucionales que si bien les atañen debieran enmarcarse en opiniones más moderadas y alejadas de todo tipo de exceso.

Dice José Ingenieros:

“Jóvenes son los que no tienen complicidad con el pasado. Atenea inspira su imaginación, da pujanza a sus brazos, pone fuego en sus corazones. La serena con­fianza en un Ideal convierte su palabra en sentencia y su deseo en imperio. Cuando saben querer, se allanan a su voluntad las cumbres más vetustas. Savia renova­dora de los pueblos, ignoran la esclavitud de la rutina y no soportan la coyunda de la tradición. Sólo sus ojos pueden mirar hacia el amanecer, sin remordimiento. Es privilegio de sus manos esparcir semillas fecundas en surcos vírgenes, como si la historia comenzara en el preciso momento en que forjan sus ensueños.
Cada vez que una generación envejece y reemplaza su ideario por bastardeados apetitos, la vida pública se abisma en la inmoralidad y en la violencia. En esa hora deben los jóvenes empuñar la Antorcha y pronunciar el Verbo: es su misión renovar el mundo moral y en ellos ponen sus esperanzas los pueblos que anhelan ensanchar los cimientos de la justicia. Libres de dogmatismos, pen­sando en una humanidad mejor, pueden aumentar la parte de felicidad común y disminuir el lote de comu­nes sufrimientos.
Es ventura. sin par la de ser jóvenes en momentos que serán memorables en la historia. Las grandes crisis ofre­cen oportunidades múltiples a la generación incontaminada, pues inician en la humanidad una fervorosa refor­ma ética, ideológica e institucional. Una nueva concien­cia histórica deviene en el mundo y transmuta los valores tradicionales de la justicia, el Derecho y la Cultura. Intérpretes de ella, los que entran en la vida siembran fuerzas morales generadoras del porvenir, desafiando el recrudecer de las resistencias inmorales que apuntalan el pasado.
Los jóvenes cuyos ideales expresan inteligentemente el devenir constituyen una Nueva Generación, que es tal por su espíritu, no por sus años. Basta una sola, pensadora y actuante, para dar a su pueblo personalidad en el mundo. La justa previsión de un destino común per­mite unificar el esfuerzo e infundir en la vida social normas superiores de solidaridad. El siglo está cansado de inválidos y de sombras, de enfermos y de viejos. No quiere seguir creyendo en las virtudes de un pasado que hundió al mundo en la maldad y en la sangre. Todo lo espera de una juventud entusiasta y viril.

La juventud es levadura moral de los pueblos. Cada generación anuncia una aurora nueva, la arranca de la sombra la enciende en su anhelar inquieto. Si mi­ra alto y lejos, es fuerza creadora. Aunque no alcance a cosechar los frutos de su siembra, tiene segura recom­pensa en la sanción de la posteridad. La antorcha lucí­fera no se apaga nunca, cambia de manos. Cada gene­ración abre las alas donde las ha cerrado la anterior, para volar más, lejos, siempre más. Cuando una gene­ración las cierra en el presente, no es juventud: sufre de senilidad precoz. Cuando vuela hacia el pasado, está agonizando; peor, ha nacido muerta.”

Tienen en su “haber” grandes posibilidades de crecer como personas ilustradas, preparadas y capaces, pero no lo alcanzan a “ver”.

 
*Editorial Losada (1947)

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